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Sembrás maíz = Vendés carne: cuando mejora el negocio ganadero, también cambia el valor de cada hectárea de maíz

El repunte de la ganadería argentina está revalorizando el rol del maíz, que pasa de ser un cultivo a una inversión estratégica para aumentar la producción de carne por hectárea a través de silajes de alta calidad.

06-07-2026

La recuperación del valor de la hacienda y los márgenes más atractivos en la ganadería están provocando un cambio de paradigma entre los productores argentinos. El foco ya no está puesto únicamente en reducir costos, sino en cómo producir más kilos de carne por hectárea, una estrategia en la que el maíz se convierte en una herramienta protagónica.

En este escenario favorable, la demanda interna de maíz para la alimentación animal se fortalece. El grano deja de ser visto como un simple commodity para transformarse en una pieza clave para capturar valor dentro de los sistemas ganaderos intensivos, donde la eficiencia en la conversión de alimento es crucial.

De la reducción de costos a la inversión en eficiencia

La lógica económica detrás de este cambio es directa: cuando el precio del kilo de carne aumenta, cada mejora en la eficiencia productiva genera un retorno económico significativamente mayor. Esto incentiva una mayor profesionalización en la alimentación del ganado.

Justo MacLoughlin, responsable del negocio de SUPRA para Argentina y Uruguay, analiza esta transición.

"Cuando los márgenes son ajustados, gran parte de las decisiones están orientadas a reducir costos. Pero cuando mejora el valor de la producción, la discusión cambia. El foco pasa a estar en cómo producir más kilos de carne por hectárea. En ese escenario, la calidad del silaje deja de ser un costo y se transforma en una inversión".

Según los especialistas, la inversión adicional en un híbrido de maíz desarrollado específicamente para silo es una fracción pequeña del resultado final. Sin embargo, las mejoras en digestibilidad de fibra, contenido de almidón y estabilidad agronómica impactan directamente en la ganancia de peso diaria de cada animal, recuperando la inversión de manera continua durante todo el ciclo productivo.

El indicador clave: kilos de carne por hectárea

El debate en el sector ha evolucionado. Durante años, la discusión se centró en las toneladas de materia verde o el rendimiento bruto por hectárea. Hoy, el indicador que define la rentabilidad es la cantidad de kilos de carne que puede generar cada hectárea sembrada con maíz para silo.

En este nuevo enfoque, la calidad nutricional del forraje es determinante. Factores como el contenido de almidón, la digestibilidad y la correcta ventana de picado determinan cuánta energía producida en el lote llega efectivamente al animal y se convierte en carne.

"Antes evaluábamos un híbrido solamente por su comportamiento agronómico. Hoy el productor ganadero necesita entender cómo ese híbrido se traduce en kilos de carne o litros de leche. Esa es la verdadera unidad de medida del negocio". — Justo MacLoughlin

Genética pensada para el negocio ganadero

La creciente importancia de los sistemas intensivos ha impulsado a la industria semillera a desarrollar materiales genéticos que respondan a esta nueva demanda. Empresas como SUPRA, la marca de maíz de GDM, evalúan sus híbridos no solo por su potencial agronómico, sino también por sus atributos de calidad nutricional.

Como respuesta a esta tendencia, se han lanzado al mercado nuevos materiales como el S 4450 VIP3, un híbrido desarrollado específicamente para silaje y protegido con tecnología contra lepidópteros.

Según Fernando Giachetti, gerente de Desarrollo de la firma, estos materiales están pensados para productores que miden sus resultados en kilos de carne o litros de leche por hectárea, donde la estabilidad y la calidad del forraje son tan importantes como el rendimiento final.

En definitiva, la oportunidad para el sector no reside en sembrar más hectáreas de maíz, sino en lograr que cada una de ellas produzca más valor. En ese desafío, la inversión en genética para un silaje de calidad se consolida como una decisión económica estratégica.

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