Juan Pablo Ioele: La clave del invierno es “llenar la maceta”
En sistemas agrícolas donde las lluvias invernales son escasas, el otoño cumple un rol fundamental en la recarga de los perfiles del suelo. Ioele lo explica con una metáfora muy utilizada en el sector:
“Nuestros cultivos de invierno dependen de cómo llenamos la maceta durante el otoño.”
Juan Pablo Ioele - Ing. Agrónomo
Clima, costos y decisiones: el desafío del trigo y la campaña agrícola 2025
De un escenario neutro a un invierno Niño: qué significa para el campo
El panorama climático cambió de forma significativa en las últimas semanas. Lo que inicialmente se proyectaba como un invierno bajo condiciones neutras ahora se perfila como un evento Niño, con lluvias por encima de lo habitual.
Para el ingeniero agrónomo Juan Pablo Ioele, esto tiene una lectura clara:
“Todo el agua que entra, si no sirve para la que estamos sacando ahora, sirve para el trigo. Así que el agua es siempre bienvenida.”
Sin embargo, el exceso hídrico no está exento de complicaciones. Las precipitaciones dificultan las labores de cosecha y el acceso a los lotes, especialmente en zonas bajas o con caminos comprometidos. Aun así, el especialista destaca que no hay riesgos significativos para la mercadería en pie en esta etapa.
La clave del invierno: “llenar la maceta”
En sistemas agrícolas donde las lluvias invernales son escasas, el otoño cumple un rol fundamental en la recarga de los perfiles del suelo.
Ioele lo explica con una metáfora muy utilizada en el sector:
“Nuestros cultivos de invierno dependen de cómo llenamos la maceta durante el otoño.”
Este punto es central desde el punto de vista productivo y también económico. En un contexto de altos costos de fertilización, contar con buena disponibilidad de agua es lo que permite alcanzar rindes que compensen la inversión.
Siembra de trigo: buenas condiciones, pero dudas económicas
Aunque las condiciones hídricas son favorables y las expectativas iniciales eran positivas, la decisión de sembrar trigo no es tan sencilla.
Según Ioele, al analizar la situación más de cerca con los productores aparece la cautela:
“Hay que estar convenciéndolos de hacer trigo.”
El principal motivo es el incremento de costos, especialmente en insumos clave como la urea, sumado a un contexto internacional incierto que impacta directamente en la energía y los combustibles.
El impacto de la coyuntura internacional en el agro
La volatilidad global, marcada por conflictos geopolíticos y subas en los precios energéticos, repercute de lleno en el sector agropecuario.
El ingeniero lo resume con crudeza:
“Somos dependientes del gasoil permanentemente.”
El aumento del combustible no solo encarece los fertilizantes, sino también toda la cadena logística: desde la llegada de insumos hasta la comercialización del grano.
A esto se suma la incertidumbre:
“Nunca sabés bien cuál va a ser el escenario para presupuestarlo en noviembre o diciembre.”
La regla clave del productor: agua antes que costos
Frente a este escenario complejo, Ioele insiste en una idea central para la toma de decisiones:
“El trigo y el maíz no se hacen cuando el margen es lindo, sino cuando hay agua.”
El razonamiento es técnico y estratégico:
- Con agua, aumentan las probabilidades de buenos rendimientos.
- Sin agua, incluso con buenos precios, no se alcanza el punto de equilibrio.
En síntesis, el clima sigue siendo el factor determinante por encima de cualquier variable económica.
Maíz temprano: grandes rindes en ambientes de alto potencial
La campaña de maíz dejó resultados heterogéneos, pero con picos muy destacados.
En los mejores ambientes, los rindes superaron ampliamente las expectativas:
“Tuvimos rendimientos impresionantes, con más de 160 quintales por hectárea.”
La clave estuvo en la capacidad de estos sistemas para atravesar enero —el período más crítico— sin estrés hídrico, gracias a factores como napa, cobertura y manejo.
En contraste, los ambientes más frágiles tuvieron resultados más ajustados, confirmando la fuerte dependencia de las condiciones locales.
Fecha de siembra: una variable decisiva
Otro factor determinante fue el momento de implantación del cultivo.
- Siembras de septiembre: lograron ubicar el período crítico antes de las altas temperaturas.
- Siembras de octubre: enfrentaron estrés en enero, afectando el rendimiento.
Esto refuerza la importancia de la planificación agronómica en función del clima.
Región núcleo: una campaña mejor de lo esperado
En términos generales, el balance para la región núcleo es positivo.
Ioele lo sintetiza así:
- Muy buen maíz temprano.
- Buen desempeño esperado para el maíz tardío, que logró esquivar el estrés de enero.
Las lluvias de febrero fueron determinantes para consolidar este escenario.
Soja y balance general: un año “anormal”
El comportamiento de la soja siguió una lógica similar al maíz:
- Altos rendimientos en ambientes con buena retención de agua.
- Resultados más modestos en suelos limitantes.
Pero lo más llamativo fue el balance global de la campaña:
“Tuvimos una excelente fina y una muy buena gruesa, que eso no pasa generalmente.”
Este fenómeno rompe con el patrón histórico donde suele haber una compensación entre campañas.
